Se ubica a las afueras de la cuidad de Tulancingo, rumbo a Cuautepec. Actualmente subdividida en dos propiedades, abarca una considerable porción de terreno. Poco se sabe de la historia de este inmueble. Dos inscripciones en el dintel de la puerta de entrada y un jarrón de jardín frontal indican 1908 y Noviembre 20 de 1868, respectivamente. El periodo histórico llamado Porfiriato fue seguramente la etapa de más auge de la hacienda.
Las caras exteriores tienen un recubrimiento, llamado almoadillado, logrado con mezcla cemento-arena, que a simple vista parecen grandes tabiques, muy bien formados.
La casa principal está distribuida en dos plantas, alrededor de un jardín. La planta alta tiene un balcón corrido desde el que se contempla un amplio paisaje del valle de Tulancingo.
La parte mejor conservada y restaurada es la correspondiente a una fábrica de sidra, con sus oficinas completamente restauradas, siguiendo el estilo propio de la época. El pórtico está compuesto por columnas de madera sosteniendo vigas de cabeza torneada. Realmente es un bello trabajo.
Cual si fueran feroces guardianes de esta fortaleza, sobre estas ventanas dobles se hallan sendas cabezas de leones. De fiera mirada, cargan entre sus fauces unas argollas parecidas aquellas con las que se solía tocar en las puertas de las mansiones, sobre una perilla de fierro u otro metal, cuando no había electricidad para un timbre. ¿De qué material crees que son? Parecen metálicos, pero en realidad están hechos de pasta de yeso, utilizando un molde sobre el que se vaciaba el material.
La fuente del jardín principal es de procedencia francesa, y representa un pequeño Neptuno, portando un tridente y un caracol, Neptuno, Dios Romano del Mar, es el equivalente del Poseidón para los griegos. Es lógico que precisamente en la fuente, símbolo del fuego del agua, se encuentra este pequeño angelillo, con sus atributos marinos.
En las esquinas del pasillo principal, se hallan estas esculturas llamadas cariátides, que parecen sostener penosamente los techos de la planta alta. Contrastan notablemente con las desnudas paredes circundantes. Solitarias en su alto pedestal, han visto pasar a los altos hacendados, elegantes damas y humildes peones, sombras que quedan únicamente en su recuerdo…
Rodeando por completo la casa, cual si fuera una corona, un largo ático se extiende formado por una estructura de fierro con tensores distribuidos convenientemente. Las paredes, de ángulos inclinados, son de madera. Restos de la carátula de un reloj, le da un aire extraño… en el interior nos parece encontrarnos en un galeón español, antiguo barco protagonista del descubrimiento de América.
A lo largo de las diferentes habitaciones, se percibe un marcado gusto por decoraciones exóticas. En este caso, la pintura está en un cuarto que podemos bautizar como el de los abanicos, porque a cada rastro que a una etnia humana, corresponde un abanico con paisajes realizados de la tierra a la que pertenece cada una. Podrás percibir el colorido y el delicado trazo del dibujo, y la variedad de flores presentadas.
Se encuentra tambien un paisaje muy conocido de la cenicienta, en el que el apuesto príncipe se encuentra con la modesta señorita y le ofrece la zapatilla, cuya dueña será el futuro amor del príncipe. La doncella está sentada en un fogón, donde se alcanza ver una vieja olla sobre varios leños, también hay rústicos bancos y bateas de madera, mobiliario adecuado a la vida sencilla de cenicienta. El príncipe vestido con rico blusón bordado y fina túnica, tocado con elegante sombrero de plumas, parece llegado a una partida de caza, pues porta un cuerno utilizado en esos menesteres.Las palomas atestiguan con su presencia la inmortal escena de amor.
Varios vitrales nos seducen poderosamente la atención, son bellos trabajos finamente trazados, realizados con vidrios multicolores, colocados en ventanas y hojas de las puertas, que dejan pasar la luz creando extraordinarios efectos de claroscuro y transportándonos a lejanos paisajes del oriente, con delicados bambúes con flores cristalinas, pagodas agazapadas en grises, erosionados peñascos, y montañas lejanas que parecen flotar entre las nubes.
En la planta alta de la casa, rodeando el pasillo, hay una barda, llamada también balaustrada, en cuyos pilares existen estos rostros de apariencia demoniaca, tallados en las cuatro caras, que sonríen sarcásticamente burlándose de los que llegan a contemplarlos. Talvez estas representaciones del mal nos recuerdan las tentaciones y el lado oscuro de nuestros mismos y que es la contrapartida necesaria para que exista el bien, tan abundantemente plasmado en este monumento.
En los pasillos del jardín principal encontramos una deliciosa serie de cuatro tableros que relatan una fábula que aconteció a un grupo de jubilosos querubines: en un lejano día, cerca de nuestra infancia, decidieron unos niños realizar una gran fiesta, pero claro, deberían empezar por el principio: trabajar. Pero a ellos no les asustaba el trabajo, y con gran ánimo, brincando y retozando, salieron al paraíso a pescar y cazar, ayudándose de grandes redes, de una vieja escopeta y de su fiel perro, guiados por el trompetero mayo. Después cosecharon el generoso fruto de la vid, y produjeron varios toneles de vino. Ya listas las inmunerables viandas, regalos de la madre tierra y de la naturaleza, y con un voraz apetito causado por sus faenas en el campo,rápidamente dieron cuenta de los pescados y carnes ingeridos gracias a la ayuda de abundante vino. Luego, sin descansar ni tomar la siesta! Comenzó la música y el baile, con orquesta incluida, júbilo y bullicio ¡Que enorme lección de juvenil alegría!
Como cada gran hacienda, Exquitlán cuenta con su propia capilla, localizada en el amplio patio exterior. Existen algunas semejanzas con la casa principal, conmo el almohadillo de las torrecillas y la balaustrada superior. En el umbral de la puerta de entrada está la siguiente inscripción: “Julio 14 de 1901”. Es probable que en esa fecha, a principios de siglo, halla sido bendecido el templo.
En el interior, de manera destacada, se encuentra un plafón de duela, en varios colores formando patrones geométricos de sinuosas líneas, con un medallón floral al centro.
Conozcamos esta bella obra, fiel reflejo de una época de esplendor, y que debemos preservar.

